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LET THE SEASONS BEGIN | Propuesta paisajística (tramos 17 y 18 del Jardín del Turia)
Arquitectura y urbanismo

Año: 2013
Cliente: Proyecto personal
Localización: Valencia (Spain)
Arquitectos: Miriam Bermejo e Iker Soto



El proyecto radica en resolver fundamentalmente la conectividad de la dársena del puerto de Valencia con el resto de la ciudad. El denominador común por excelencia es el agua. Esta decisión no es baladí. Se trata de potenciar lo preexistente. El mar estaba ahí antes de nosotros nacer y antes de pensarlo. Ese mar cambiante pero ese mar siempre el mismo, como señaló Paul Valéry en su Cementerio Marino. Si bien en la actualidad, el mar en la ciudad de Valencia es un lugar más bien mental y sólo activamente presente en la playa de las Arenas, cuando uno desea verlo e incluso sumergirse en él. La idea de este proyecto es que el mar se presente de una manera multisensorial a los habitantes desde mucho antes de tener un pleno contacto con él.

Como Alicia en el País de las maravillas cuando muerde un trozo de tarta y crece y crece y se siente descontextualizada del mundo por grande y más tarde lo sentiría por pequeña, así este proyecto intentará crear esta sensación de desconcierto amable en el transeúnte que llegue a la zona de actuación. Una situación en la que lo que el hombre vea, lo que perciba, escuche, lea o sienta le sea revelado como nuevo y de lo que pueda extraer una experiencia diferenciada y diferencial (que siempre suma poco a poco) que le haga descubrir algo que no conocía con anterioridad y hasta incluso de sí mismo. Un espacio que cada persona que lo recorra y disfrute pueda hacer suyo, un espacio en el que se pueda experimentar con cierta verdad.

El lugar que se recrea es fundamentalmente un jardín que se acerca al mar, con pocos elementos construidos para la extensión que ocupa en superficie y muchos de ellos repetidos, combinados, seriados que se presentan al espectador como partes de un mundo de ilusiones poliédricas que acompañan al que quiera salir de la ciudad estática. Pero esta salida de la ciudad dentro de la ciudad no deja al ciudadano indemne porque en ella se expone un juego, el de poder experimentar con la verdad. Experimentar con la verdad implica dejarse influir por lo que sucede a nuestro alrededor, un juego de prueba y error interminable en el que siempre se encuentra uno a uno mismo sin pérdida alguna ni otra posibilidad. Todo parte prácticamente de esta intención de que la arquitectura deje de ser un ente preponderantemente objetual y que pase a ser escenario, un telón de fondo de relaciones, interacciones, fenómenos y posteriormente recuerdos atmosféricos particulares, íntimos y personales de cada uno.